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Los intentos del Well Living Lab para conectar la salud humana con los edificios

Aunque el centro de tecnología de vanguardia puede monitorear algunos de los efectos cuantitativos de los entornos interiores en las personas, los arquitectos aun no son liberados.

Autor: Blaine Brownell

No hace mucho tiempo, era casi imposible para las personas monitorear la frecuencia cardíaca, los niveles de estrés o las ondas cerebrales por sí mismas. En la actualidad, estas capacidades de control están ampliamente a disposición del público.

Quantified Self, una organización de California fundada por Kevin Kelly, editor ejecutivo y fundador de la revista Wired, y Gari Wolf, editor colaborador de la revista Wired,

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se ha convertido en un centro de información acerca del control personal y sus consecuencias. El movimiento epónimo, conocido también como “diario de vida”, imagina un archivo completo 24/7 de datos biométricos, de ubicación y comunicaciones para cada persona.

Incorpora esta idea estándar, en particular en la forma en que se relaciona con el estudio de los efectos de los edificios en la salud humana. El Well Living Lab, inaugurado en 2015, es un laboratorio de 5.500 pies cuadrados ubicado en el Minnesota BioBusiness Center en Rochester, Minnesota. El centro, un lugar repleto de sensores que patrocinó su primer experimento en mayo pasado, tiene por objetivo contribuir al desarrollo de conocimientos acerca de las medidas preventivas de salud para las enfermedades relacionadas con los edificios y evaluar la influencia de los entornos interiores en el bienestar individual.

Según la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos, pasamos alrededor de un 90 de nuestra vida en espacios cerrados. La mayor parte de la investigación ligada a edificios y salud humana analiza las influencias adversas de los entornos interiores caracterizada por calidad del aire, iluminación diurna y acústica deficientes. El síndrome del edificio enfermo, que comprende un amplio espectro de enfermedades y malestares relacionados con

el tiempo que se pasa en espacios cerrados, se está “transformando cada vez más en un riesgo ocupacional importante”, según un artículo de 2008 en el Indian Journal of Occupational & Environmental Medicine, lo cual lleva a un aumento en el absentismo y a una disminución en la productividad.

Si bien los arquitectos valoran implícitamente los beneficios de los edificios que ofrecen abundancia de ventilación natural, luz solar, materiales no tóxicos y controles acústicos, los denominados beneficios intangibles han sido difíciles de cuantificar. El Well Living Lab fue diseñado para abordar este reto y consta de zonas flexibles para el estudio de los ocupantes humanos, llamados módulos, que pueden reconfigurarse con facilidad para simular diversos entornos interiores. Actualmente, tres de estos módulos están acondicionados como ambientes de oficina, con una unidad de trabajo de empleados de la Clínica Mayo que cumple el papel del primer grupo de sujetos humanos; un cuarto módulo funciona como una unidad de apartamentos para estudios demostrativos. Los servicios interiores son sumamente adaptables: Cada módulo está provisto de piso elevado flexible, divisiones desmontables, persianas programables y sistemas mecánicos ajustables (incluso la plomería puede ser reconfigurada), así como cientos de sensores.

En esta etapa de investigación multicomponente de entornos interiores, los participantes usan dispositivos de control biométrico que informan al mismo centro de control que los monitores del sistema del edificio. Cuando se combinan e interpolan, los datos proporcionan una imagen sólida de cómo la anatomía humana es afectada por los cambios en las condiciones del entorno, como la luz, la temperatura, la humedad y el ruido.

El centro ya ha captado el interés de 10 empresas representantes de ámbitos como la construcción, el cuidado de la salud y la informática, las cuales se han incorporado como socios de la alianza del Well Living Lab. IBM es un socio reciente, cuyas capacidades analíticas y de datos, incluida la plataforma de aplicaciones Bluemix Garage, respaldarán el laboratorio.

Bárbara Spurrier, directora administrativa del Well Living Lab, señala que el nuevo centro simboliza un cambio positivo en la industria médica hacia un “pensamiento en la salud y el bienestar, en lugar de en el cuidado de la salud”. El enfoque tradicional de la medicina moderna en la enfermedad está fuera de lugar, indica. En lugar de ese enfoque, la industria debiera poner énfasis en el cuidado preventivo y el bienestar, en particular en lo concerniente al entorno construido.

Peter Scialla, director de operaciones de Delos, tiene las mismas aspiraciones. Dice que visualiza la posibilidad de un cambio desde el modelo actual de seguros médicos reactivo a un modelo enfocado completamente en la salud preventiva.

Aunque el Well Living Lab puede parecer la respuesta a todas las preguntas de salud relacionadas con los edificios, es esencial reconocer las limitaciones de sus capacidades. Si bien el laboratorio proporciona una plataforma perfecta para el estudio del comportamiento humano en entornos genéricos, quienes lo visitan por primera vez esperan ver un lugar de trabajo revolucionario diseñado en torno a la salud, pero se sorprenden al encontrar una oficina corporativa común y corriente. Todo, desde la alfombra hasta el techo suspendido, las ventanas empotradas y el amoblado comercial desmiente el complejo sistema que funciona tras bambalinas. (El módulo residencial es peor, ya que los diseñadores no pudieron evitar el ambiente clínico de una residencia de ancianos).

El sitio web del Well Living Lab refuerza este concepto erróneo con fotografías de entornos acogedores llenos de luz, los cuales son prácticamente inalcanzables en el centro actual por la falta de techos altos, volúmenes profundos, ventanas operativas y equipos industriales. Tal vez el sitio web representa la visión de lo que la investigación del laboratorio pretende apoyar a través de sus hallazgos científicos, y no lo que encarna su expresión física. El centro puede ser sumamente configurable, pero la gama de opciones se ajusta estrechamente a las condiciones iniciales que reflejan los entornos comerciales e institucionales interiores en que viven y trabajan muchas personas.

Esta distinción es importante, porque la misión del laboratorio puede ser confusa. Por ejemplo, un artículo reciente de Nature sobre el centro tiene por título, “The Office Experiment: Can Science Build the Perfect Workspace?” (El experimento de oficina: ¿Puede la ciencia construir el lugar de trabajo perfecto). Pero ¿qué determina el entorno de trabajo perfecto? ¿Es acaso un lugar con una temperatura establecida en 70° F y una humedad relativa del 40 por ciento, o es otra cosa?

Si necesidad de hacer mediciones, sé que estoy muy bien en la oficina de mi casa, con sus techos altos, pisos de madera, amplias ventanas operativas a través de las cuales pasa gran cantidad de luz y aire fresco. Mi lugar de trabajo no solo me permite “responder correos electrónicos o ingresar información en bases de datos sin errores”, como describe el artículo de Nature, sino que también puedo desarrollarme de manera intelectual y emocional. En mi opinión, la típica oficina corporativa sencillamente no puede competir.

Pero si monitoreáramos ambos entornos, mi frecuencia cardíaca, temperatura corporal y niveles de estrés podrían ser los mismos, dada la existencia de factores similares como la temperatura y la calidad del aire. Aunque los estudios cualitativos revelarían mis preferencias, no lo harían los cuantitativos.

En este sentido, el Well Living Lab deja al descubierto el gran reto de las mediciones en la época de la cuantificación del ser. Los sensores realizan bien algunas funciones, pero siguen existiendo enormes brechas en el conocimiento para las cuales los sensores no sirven. La verdad es que somos, en las palabras de Kelly, “opacos para nosotros mismos”.

Este es un problema fundamental en arquitectura. El enfoque siempre detallado en la investigación de los entornos probablemente reforzará un enfoque reduccionista desde el punto de vista metodológico en el diseño que se base en atributos fácilmente cuantificables, como la humedad relativa o los compuestos orgánicos volátiles. Pero todos sabemos que la arquitectura es mucho más que eso, y que los arquitectos pueden hacer algo mejor.

La excelencia en el diseño no se mide con la disminución del absentismo de sus ocupantes, sino con la creación de espacios que inspiren, deleiten y nos llenen de energía. Estos son los lugares inolvidables donde queremos pasar el 90 por ciento de nuestra vida, no en contenedores humanos que nos privan de la vitalidad. Esta es la razón por la que los grandes edificios son el legado material más elogiado de la humanidad.

Por lo tanto, el Well Living Lab hace dos aportes importantes. Por un lado, sirve de plataforma de vanguardia para el estudio de los efectos en la salud humana en entornos interiores convencionales y, sin duda alguna, los hallazgos de la organización entregarán información valiosa sobre los espacios donde las personas pasan la mayor parte del tiempo.

Por otro lado, nos entrega antecedentes de aquello que no puede medirse, o que al menos es mucho más difícil de cuantificar, en un diseño arquitectónico. Naturalmente, la Clínica Mayo y Delos apoyan la búsqueda de espacios que permitan desarrollarse a las personas, no solamente sobrevivir, y merecen aplausos por construir un centro revolucionario. Como arquitectos, depende de nosotros darle sentido a los rasgos de calidad menos cuantificables, pero profundamente críticos, que hacen verdaderamente vibrante un lugar.

Este artículo fue publicado originalmente por la revista Architect el 3 de febrero de 2017.

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